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¿Cantidad o calidad de lactancia materna a demanda?

¿Cantidad o calidad de lactancia materna a demanda?

¿Cantidad o calidad de lactancia materna a demanda?

Triste o desafortunadamente los tiempos han cambiado. Cuando nacieron mis hijos no existía Facebook, ni whatsapp, ni Netflix. Había algunos canales nacionales por TV y teníamos que estar pendientes cuando daban cuál programa. Recuerdo uno en especial que vimos mucho con mis hijos: lo pasaban por Señal Colombia y en él, el autor e ilustrador colombiano Alekos leía y contaba cuentos, ¡era increíble! No había Spotify pero si un maravilloso canal de radio que se llamaba Colorín Coloradio y oyéndo recordé y aprendí muchas de las canciones que canté con mis hijos. No se hablaba de BLW ni LME (me demoré mucho en entender que sus siglas representan alimentación complementaria guiada y lactancia materna exclusiva), no eran tan comunes los fulares ni el porteo, la lactancia se suspendía antes del año, y el colecho no estaba bien visto. Hoy todo eso es normal, aceptado y hasta estimulado con explicaciones médicas y basadas en evidencias.

A nosotras los pediatras nos decían que podíamos dar agua en el tetero, especialmente con manzanilla, cuando nuestros bebes tenían cólico, que empezáramos la alimentación complementaria con jugos muy suaves, de granadilla y mandarina, y que lo último que debíamos darles era huevo y fresas porque podían causar alergias. Les dábamos un alimento a la vez para detectar si había alguna reacción no deseada y había tres marcas de compotas en el mercado que básicamente eran de tres sabores distintos.

Yo lacté hasta los seis meses a mis dos hijos y eso fue mucho más tiempo de lo que sucedió con varias de mis amigas; preparé mezclas de frutas, harinas y sopas desabridas que hoy nadie comería. Sin embargo, no pasó nada. Mis hijos aprendieron a comer de todo, disfrutan de probar cosas diferentes y en casa se cocina sin restricciones.

Recuerdo con mucha ternura ese tiempo de la lactancia; ¡pasó tan rápido! Ambos de mis hijos eran tragones y yo, ¡una vaca lechera! Tanto que a veces se ahogaban y peleaban conmigo porque no daban con la velocidad a la cual brotaba la leche. Era un momento de intimidad absoluta. Lo que más evoco era que mientras tanto teníamos una oportunidad para mirarnos y para que yo pudiera detallar con tanto cariño esos ojos que se fijaban en mi rostro como si yo fuese lo único en su mundo. Esas pequeñas manitas que cogía entre las mías mientras tanto; mi mano pasando por encima de cada dedito, contando cada uno, mil y una vez, y mirando cuál de ellos era más gordo, cuál más largo.

Recuerdo pasar mi mano por encima de sus cejas y ver como sus parpados se cerraban a mi tacto y como, adormilados, volvían a abrirse tan pronto levantaba de allí mi mano para asegurarse que yo seguía allí. Era el momento para conocernos, para que ellos también jugaran con mis rizos, agarraran mi nariz y trataran de meter sus pequeños deditos en mis ojos. Aunque a veces era demorado, era un tiempo para hablarles de todo lo que yo soñaba y pensaba. En esas horas les dije que serían galantes príncipes, valientes aventureros, brillantes científicos y hasta los mejores presidentes. Ahí mientras los lactaba, les hablaba, cantaba, recitaba y murmuraba palabras sin sentido. Era el único momento en que estábamos realmente solos, el uno para el otro, y era tan especial que había que aprovecharlo. Nadie ni nada nos podía interrumpir y ahí fue donde más nos conectamos. Logré entender rápidamente sus señales, descifrar el tono de su llanto y la mirada de sus ojos. Comprendí que a veces no era hambre, sino solamente necesidad de estar a mi lado; que otras veces era tanto el apetito que no existía la paciencia; que a veces ellos libraran internamente una batalla entre el cansancio y el hambre y ganaba uno u otro.

Creo que la esencia natural de la lactancia es muy importante. Hoy día, ésta se promueve como alimento, pero veo a muchas madres perdidas en cuanto al sostén emocional que surge por y con ella. Me aterra que los lactantes se conecten al pecho y que las mamas aprovechen para conectarse al celular. ¡No puede ser! Para mí eso está desconectado. ¿Cómo se puede generar un vínculo así? ¿Cómo puede el niño memorizar el rostro de su madre si ella ni siquiera lo está mirando?  ¿Cómo puede el niñ@ reconocer la voz de mamá si lo que suena es el timbre del chat o el aviso de un nuevo mensaje que ha llegado a las redes, o la voz en off de un personaje de una serie?¿Cómo puede ese niño aprender o saber que es lo único del mundo para su mamá si cuando tiene la oportunidad de ser eso único, mamá esta desconectada de él, pero conectada virtualmente con todos los demás?

Evelyn Torres, docente en primera infancia en Venezuela y autora de varios libros para los más pequeños, escribió un pequeño tesoro hoy en día escondido en algunas bibliotecas escolares o familiares. El libro se llama Tinguilitón Tinguilitón y tiene unas rimas hermosas sobre ese momento natural e íntimo de la lactancia que comparto para cerrar mi pensamiento y opinión:

“Tetica de leche,
tetica de miel,
besitos pequeños
para nuestro bien.”

“Abre los ojitos,
vuélvelos a cerrar
que mi leche tibia te va alimentar.”

“Almohadita de piel,
de leche caliente
sabor a pastel.”

1 comentario

  • Hermoso ❤️ Es muy hermosa la lactancia un momento íntimo y lleno de amor.

    Maria

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  • Hermoso ❤️ Es muy hermosa la lactancia un momento íntimo y lleno de amor.

    Maria
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