De SuperHumana a SuperMamá

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"Mi vida como atleta siempre ha requerido esfuerzo y energía interminable, pero desde que nació Vicente, ha pasado a ser un esfuerzo diferente"

He intentado escribir este blog en diferentes momentos de mi día, cuando termino mi entrenamiento de 3 horas, cuando no estoy dando clase, pero llega un chiquitín pidiendo abrazos o tetis de mamá, y todo queda en pausa.

 Como bien lo saben las mamás que leen esto, somos polifacéticas, sin tener idea como sacamos energía y tiempo para hacer todo lo que nos toca en el día a día de mujeres, esposas, trabajadoras, amas de casa y el papel más bello e importante: mamás. Mi vida como atleta siempre ha requerido esfuerzo y energía interminable, pero desde que nació Vicente, ha pasado a ser un esfuerzo diferente. Realmente, no entiendo como hago para sacar fuerzas para rendir.

 He sido atleta de competencia desde que tengo uso de razón. Desde los 6 años empecé a practicar gimnasia olímpica de manera competitiva, y a partir de ese momento no he parado de entrenar con el objetivo de llegar al podio. Luego de la gimnasia, vino el voleibol y de allí salte a CrossFit, el cual pasó de ser solo mi entrenamiento, a ser mi sustento y modo de vida.

 Soy una abogada especialista en seguridad social, que no sabe nada de leyes, porque prefirió los tenis y los sports bra sobre los tacones y expedientes. En el 2013, con la ayuda de mi familia, creamos Hakuna, un gimnasio de CrossFit donde cambiaríamos vidas por medio del deporte. Así fue como tomé la decisión de dedicarme a mi verdadera pasión a ser entrenadora, empresaria y lo que más me mueve las fibras, a entrenar duro para competir y representar a mi gimnasio y país de la mejor manera.

 Antes de que llegará Vicente a mi vida, historia que me gustaría contarles en otro blog, pues fue un regalo hermoso que me mandó Dios en un momento de oscuridad; yo entrenaba más o menos 6 horas diarias, distribuidas en 2 o 3 sesiones en el día. Si lo sé, es mucho... pero cuando se quiere algo, hay que luchar con disciplina por ello y hacer sacrificios. Esto nos pasa a los deportistas, cambiamos las fiestas y la mala comida, por muchas horas de entrenamiento y buena alimentación.

 Mi día empezaba muy temprano en la mañana, cosa que no ha cambiado, con una sesión de entrenamiento cardiovascular. Luego había que comer un montón de comida, para darles una idea: parte del menú eran 6 huevos. Esto era necesario para poder tener las calorías suficientes para rendir durante el día. Luego, seguía una sesión de entrenamiento fuerte, con trabajos de fuerza, potencia y resistencia, donde cada día me exigía al límite. Más tarde venia el mega almuerzo y una siesta de más de 1 hora. Pienso en esto y me sueño con el día que pueda volver a dormir así. Al levantarme de la siesta, con dolor en todo mi cuerpo, volvía al gimnasio a estar pendiente de todo y a entrenar de nuevo 2 horas. Podía hacer trabajos de gimnasia, de velocidad, en fin, mil cosas más. Realmente me encantaba poder dedicar todo mi día a entrenar y a exigirme, pues tenía en mi mente mi objetivo claro, y para alcanzarlo debía esforzarme al máximo.

 En octubre de 2018 la pereza se empezó a apoderar de mí, no quería entrenar, solo quería estar dormida y esto me parecía raro, porque está bien sentirlo uno o dos días, pero llevaba así, varias semanas. Finalmente pasaron 5 días en los que mi periodo no llegó y en ese momento supe: acá pasa algo. Y si pasaba, se estaba formando dentro de mí el regalito más bello del mundo.

 Desde ese día todo empezó a cambiar, le bajé todas las revoluciones a mi entrenamiento, pero eso sí, no me quedé quieta. Pude entrenar hasta el final del embarazo de una manera muy light para mi gusto, pero debía proteger a mi chiquitín y me di el permiso de disfrutar una nueva etapa donde no tenía que cumplir horarios, dietas, ni planes de entrenamiento. Volví a disfrutar un entrenamiento con la clase, con una hora de entrenamiento era suficiente y yo estaba feliz porque mi embarazo me permitió moverme sin problemas.

 Durante el embarazo también me disfrute todos los cambios físicos. Pase de verme con cuadros y piernas tonificadas, a ver celulitis en cada parte de mi cuerpo, pero sabía que eran cambios necesarios para el momento en que llegara Vicente. El embarazo fueron mis vacaciones de mi trabajo como atleta.

 Vicente nació el 27 de junio de 2019, y yo ya pretendía volver a la normalidad al otro día. Para mi sorpresa, me tuvieron que hacer cesárea de emergencia, y la recuperación debía ser más cuidadosa. Sin embargo, gracias a ser un mujer activa y saludable, mi cuerpo se recuperó rápido y al mes del parto me empecé a mover lentamente, fortaleciendo nuevamente cada musculo de mi cuerpo, los cuales se han tardado un montón en recobrar la fuerza que tenía. Hoy 15 meses después de mi parto aún estoy trabajando fuerte por recuperar la fuerza.

 Encontrar tiempo para hacer mis ejercicios no era nada fácil, mi decisión y meta fue alimentar a Vicente únicamente con leche materna (y lo logré), por lo que debía estar para él casi todo el tiempo. Me podía volar 1 hora, entrenar a las carreras y volver corriendo a donde mi bebe y dedicarle todo el día. Y así, se han ido pasando los días y los meses, siguiendo con la lactancia a libre demanda, y deseando poder tener esas 6 o más horas de entrenamiento.

 He tenido que hacerme a la idea que ya el tiempo no depende de mí, por ahora el que manda es Vicente. Si él duerme toda la noche, no pasa mucho, yo tengo toda la energía para entrenar, pero si no, me toca sacarla del corazón, como pasa la mayoría de los días. Si él quiere a mamá, me demoro más en salir de casa, y debo volver más rápido; como seguimos firmes con la lactancia, la suplementación deportiva para ayudarme con mas energía y un mejor rendimiento, no es una opción por ahora, así que me toca recurrir a una excelente alimentación.

 Sí, es duro, hay días que he llorado, días que quiero dormir en la tarde, pero Vicente quiere jugar, hay días que me gustaría poder entrenar más, pero Vicente me espera en casa. Sin embargo, estos han sido los días más maravillosos de mi vida, donde me he demostrado que soy capaz de hacer todo, que a las mamás no nos queda nada grande, que estos pequeños llegaron para impulsarnos y no dejarnos rendir. Gracias Vicente por hacerme una verdadera SuperHumana.

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