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La vida láctea: maternidad cruda y ruda

La vida láctea: maternidad cruda y ruda

La vida láctea: maternidad cruda y ruda

Tatiana Andrade y María Camila Sanjinés escribieron y dibujaron un libro que retrata la travesía humana que enfrenta una mujer cuando asume la difícil y encantadora tarea de ser madre…

Por: Mónica Diago / @Coolmama

La primera sensación sobrecogedora a la que se enfrenta una mujer a punto de convertirse en mamá es el miedo al desconocimiento. Miedo, como si tuviera que cruzar un abismo por un puente que no existe, sabiendo que pronto aparecerá algo que la llevará sana y salva a su destino. 

Frente al desconocimiento es necesario hallar verdades. Cuando estamos embarazadas muchas nos avalanzamos sobre la estantería de maternidad de las librerías para buscar respuestas a las dudas. Pero las dudas más importantes, las que no corresponden a la fisionomía, al ciclo de crecimiento del bebé, a la lista de los objetos imprescindibles que debemos tener antes del nacimiento no se disipan enteramente con información enciclopédica. Se resuelven  con charlas, con encuentros con otras mamás, con conversaciones honestas y, por supuesto, con mensajes de WhatsApp.

 Así empezaron la escritora Tatiana y la ilustradora María Camila a darle cuerda a La vida láctea. Los párrafos de auxilio los convirtieron en una idea innovadora, que llega para echar luces sobre el enigma de dar a luz.  En el libro ellas se cuentan la verdad, bromean sobre los desastres maternales y reflexionan sin pelos en la lengua. Llaman las situaciones por su nombre, sin eufemismos.

“No empecé a escribir con la idea de publicar un texto, escribía cosas sueltas, rudas, desgarradas sobre la maternidad. Incluso me sentía culpable por estar pensando de esa manera, pero cuando empecé a desahogarme con María Camila fuimos dándole forma al proyecto con la ayuda del editor Juan David Correa”, cuenta la escritora Tatiana.

"'Culpable' es uno de los adjetivos que nos integramos las mujeres cuando nos convertimos en mamás..."

'Culpable' es uno de los adjetivos que nos integramos las mujeres cuando nos convertimos en mamás. “Uno la siente porque piensa que está haciendo mal las cosas. Por eso, cuando leí el libro A life's work: on becoming a mother, de Rachel Cusk's , me sentí aliviada. Por fin había algo con lo que me identificaba. Eso es lo que le está pasando a muchas lectoras con nuestro libro”, cuenta María Camila. Los dibujos son la parte más divertida de la publicación. Con mucha agudeza, ella logró convertir situaciones cotidianas de una madre en escenas cargadas de ironía.

 “La maternidad se siente como ese amor que le tienes al novio que más has querido, un amor profundo, intenso, desinteresado, una traga maluca. Pero este amor viene con un componente de entrega total, de reacomodar tus prioridades. Te guste o no, eso es lo más difícil. A mí siempre me enseñaron que uno no debe entregarlo todo a nadie, ni siquiera a la persona que más se ama, porque debía guardar un pedazo para uno. Hay un punto en la maternidad en el que entregas completo, incluido tus pezones, tu cuerpo, tu estomago, tu sueño, tu vida”, dice María Camila.

Eso es precisamente lo que relata Tatiana sin filtros, valiéndose de palabras honestas para hablar, no solo de su travesía desde el momento en que se enteró que sería madre; se remonta a muchos años atrás para analizar la relación con su mamá, las secuelas de su adolescencia, sus antiguas relaciones de pareja, su pasado indiscutiblemente unido a su presente.

La maternidad es la gran travesía de una mujer en solitario. Es traer un ser humano al mundo, darlo a conocer, sostenerlo y sobrevivir. Es un tránsito, un proceso del día a día, hora a hora, que no culmina nunca y eso es lo impresionante: te embarcas en esta aventura que crece y se complejiza. Te trae instantes luminosos y enfrentamientos con el espejo. Lo reconfortante ha sido crear una vida y estar deconstruyendo el mundo, a través de una persona. Entender ahora este universo misterioso que exige renombrarlo de nuevo. Reconocer la importancia de los pequeños detalles, la respiración y el llanto. Y lo más complicado: desarrollar la paciencia, aprender a esperar”, relata Tatiana.

 

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*Artículo originalmente publicado en EL ESPECTADOR

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